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Este pequeño gorrión de 90 y tantos kilos fue parido, con dificultad, por su madre y
con la ayuda de la guardia civil, y amamantado por una compañera de instituto 18 años más tarde.
Años después se enteró que el pecho de su padre tampoco hubiera estado mal.
Uno daba tinto y el otro clarete.
Cogió alergia al agua y a la luz del día.
Desde entonces ha cogido afición por el ron con coca cola y a los lugares oscuros.
Hace más de dos años que no se le ve el pelo por Valladolid y anda, como dice su madre, haciendo
el tonto por locales de toda España. Vamos hombre... y encima le pagan.
En realidad más que el tonto, a él lo que más le gusta es su curiosa deficiencia humorística llamada
monologuismo... un huevo colgando y el otro lo mismo.
Si le ves... no le des de comer después de las doce... quedas avisado!
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